Después de que el escenario del evento deportivo haya sido conquistado en ocasiones anteriores por artistas de la talla de Madonna, Beyoncé, Coldplay o Rolling Stones, el show exige cuotas de emoción y espectacularidad en grandes dosis, algo que, en principio, no parece entrañar ningún problema para la neoyorkina.
Hubo fuego, drones, brilli-brilli y saltos al vacío al ritmo de un medley de grandes éxitos (y no precisamente los de su último álbum, más arriesgado. Por allí fueron cayendo los archifamosos Poker face, Just Dance de 2008, o Telephone, de 2010).
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