martes, 2 de mayo de 2017
Catábasis
Brahms encontró en el Quinteto con clarinete, de Mozart, un
modelo y un remedio. Según Colin Lawson, le sirvió para integrar con
éxito ese instrumento de viento con el habitual cuarteto de cuerda. Pero
también para aclarar la negra tinta de su melancolía, parafraseando a
Jean Starobinski. Ambos quintetos comparten detalles estructurales y la
misma condición de obras tardías. Incluso surgieron de la fascinación
hacia las posibilidades expresivas del clarinete, que Mozart y Brahms
conocieron a través de dos grandes instrumentistas de su tiempo: Anton
Stadler y Richard Mühlfiel. Al igual que ellos, Jörg Widmann (Múnich,
1973) es uno de los más destacados clarinetistas del momento. Este
músico alemán ha encontrado, a partir de Mozart y Brahms, una vía actual
para hacer su propia aportación como compositor.
El estreno absoluto del Quinteto con clarinete, de Widmann,
junto al Cuarteto Hagen, ha sido el broche de oro a su residencia en el
Centro Nacional de Difusión Musical. El compositor alemán ya había
escrito una primera obra para esa formación en 1996, que tituló Trauergesang und Frühlingsmusik
y retiró poco después de su catálogo. Por entonces se hallaba imbuido
por Nono y Rilke en una crisis creativa, que superó poco después con el
inicio de su serie de cinco cuartetos de cuerda o la Feverphantasie.
Fructificó un lenguaje personal con los habituales ingredientes
vanguardistas, pero donde destaca una detalladísima paleta instrumental
propia que da protagonismo hasta al cuerpo del intérprete. Combinó
también referencias literarias con referentes musicales clásicos. Y de
todo ello es heredera su nueva obra. Pero con una salvedad: Widmann se
desnuda y nos muestra su lado más íntimo y melancólico.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario