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martes, 17 de enero de 2017

Un concierto directo al corazón

David Ethève, solista de chelo de la orquesta desde su fundación en 1992, cayó como una bomba en el ánimo de sus compañeros y de los más allegados a la familia de la Sinfónica. El primero de abono de 2017 lo será también: la Sinfónica lo dedicó a Ethève como homenaje póstumo, lo que marcó el rumbo del concierto y hará indeleble su memoria.
El aplauso del auditorio ante el anuncio del homenaje es uno de los más largos y cálidos aplausos de recepción que se han escuchado en los veintisiete años largos del Palacio de la Ópera. Se anunció por megafonía que la sección de chelos, su sección, interpretaría en su homenaje el mismo arreglo de un
fragmento del Lohengrin wagneriano que el propio Ethéve había elegido como bis
en la que fue su última interpretación como solista con la Sinfónica.
 
Lo que sucedió a continuación no se puede describir en términos solo musicales: la interpretación de los chelistas de la OSG estuvo cargada de una emoción que se transmitió al público y su música apenas pudo servir de consuelo a intérpretes y auditorio. El larguísimo silencio que la siguió tuvo tal densidad que se habría podido oír la respiración de alguien situado varias filas más atrás.
 

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