David Ethève,
solista de chelo de la orquesta desde su fundación en 1992, cayó como
una bomba en el ánimo de sus compañeros y de los más allegados a la
familia de la Sinfónica. El primero de abono de 2017 lo será también: la
Sinfónica lo dedicó a Ethève como homenaje póstumo, lo que marcó el
rumbo del concierto y hará indeleble su memoria.
El aplauso del auditorio ante el
anuncio del homenaje es uno de los más largos y cálidos aplausos de
recepción que se han escuchado en los veintisiete años largos del
Palacio de la Ópera. Se anunció por megafonía que la sección de chelos,
su sección, interpretaría en su homenaje el mismo arreglo de un
fragmento del Lohengrin wagneriano que el propio Ethéve había elegido como bis
en la que fue su última interpretación como solista con la Sinfónica.
Lo que sucedió a continuación no se
puede describir en términos solo musicales: la interpretación de los
chelistas de la OSG estuvo cargada de una emoción que se transmitió al
público y su música apenas pudo servir de consuelo a intérpretes y
auditorio. El larguísimo silencio que la siguió tuvo tal densidad que se
habría podido oír la respiración de alguien situado varias filas más
atrás.

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